Hacer mejor las cosas

No hay dudas de que hemos tenido una serie de béisbol interesante que ha incrementado el interés de la fanaticada por ir a los estadios y seguir las competencias de sus equipos. Y como en todo, hemos concluido con un ganador también en un escenario al filo de un último partido decisivo, en que el que jugó mejor fue el campeón.

Representantes de las Águilas Cibaeñas se han quejado de que apagaron la pantalla y que interrumpieron la transmisión de televisión y que no se pudo ver la entrega del trofeo. Se ha dicho que los jugadores del Licey se negaron a sumarse al equipo que representará al país en la Serie del Caribe.

Y hemos tenido peleas de fanáticos en el terreno y en las calles y excesos de boca.

Todo o nada

Hay versiones diferentes sobre las negociaciones del Gobierno de Venezuela y la oposición de ese país. Mientras los chavistas dicen que hay un preacuerdo los contrarios lo niegan. Y quizás no hay que darle demasiado vueltas al asunto, si asumimos el criterio anunciado por el presidente dominicano Danilo Medina Sánchez, quien funge como mediador y facilitador del escenario para el diálogo.

El mandatario dijo en su momento que se estaba negociando bajo el criterio de que nada estaba acordado mientras todo no tuviera acordado. Si es así, hasta que no firmen el acuerdo final no existe un acuerdo. Es más correcto decir que hay puntos consensuados.

Este lunes se sabrá sobre las consultas en Caracas de ambas partes.

Ver qué pasa ahora

La decisión del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de pasar al escenario del Congreso Nacional el tema de la Ley de Partidos Políticos abre nuevas expectativas. Tenemos que ver lo que pasará ahora, pues ahí se expresarán las tendencias que se mueven en las principales organizaciones con representación congresual.

Digamos que esta decisión descongela la discusión en torno al asunto del carácter de las primarias para escoger a los candidatos en el orden interno y pone en manos de los congresistas una salida al asunto.

Editorial Por Persio Maldonado miércoles 7 de febrero, 2018Compartir
Persio Maldonado
Director El Nuevo Diario
Pdte. Sociedad Dominicana de Diarios
Pdte. FEDOTENIS | Pdte. COTECC

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La decisión del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de pasar al escenario del Congreso Nacional el tema de la Ley de Partidos Políticos abre nuevas expectativas. Tenemos que ver lo que pasará ahora, pues ahí se expresarán las tendencias que se mueven en las principales organizaciones con representación congresual.

Digamos que esta decisión descongela la discusión en torno al asunto del carácter de las primarias para escoger a los candidatos en el orden interno y pone en manos de los congresistas una salida al asunto.

Es necesario cerrar ese viejo tema, al igual que la reforma a la Ley Electoral. Sin dudas, ambas ayudan a los partidos, la JCE y el TSE a realizar mejor su trabajo.

Corrupción y Miseria

En países del tercer mundo, como la República Dominicana, la lucha contra la corrupción es una acción política. El estamento judicial carece de la total independencia, porque su accionar depende del litoral partidista.

Llevar la lucha contra la corrupción exclusivamente en el plano judicial, es un error. El primer paso tiene que ser en la disposición política. Ninguna lucha contra la corrupción ha dado resultado en la República Dominicana. La impunidad, la inmunidad siempre ha mandado en este país. Para derrotar la corrupción, hay que caminar por la senda política.

No puede dase la cristalización de una lucha contra la corrupción mientras no se involucre a la mayor parte del pueblo en ese mensaje. Por consiguiente, la simple investigación judicial no tendrá más fuerzas que el partidismo. Por consiguiente, se corre el riesgo de que todo quede igual.

Para que haya una posición política contra la corrupción, se necesita capacidad de movilización. Esa acción en las calles puede beneficiar a cualquier sector que tenga masas. Ahora mismo ningún sector de la vida pública nacional tiene gente suficiente para tomar las calles.

Con el reflujo que da el paso ya lejano de las elecciones nacionales, el camino está cerrado para que se caliente el ambiente y manifestaciones masivas se tiren al asfalto con el grito anti corrupción. Una cosa es un espectáculo con artistas y sainete de lucha contra la corrupción, y otro un amplio movimiento nacional.

Por desgracia, el gran pueblo es indiferente a la lucha contra la corrupción. No la está sintiendo en su piel. El desarrapado social tiene sus propios problemas, y no le encuentra solución a la vista. Además, todo el liderazgo político nacional ha pasado por los gobiernos de turno, y poco hicieron o han hecho para atajar este fenómeno.

El pueblo llano pasa hambre, carece de suficientes servicios sanitarios, no tiene empleo, hay deserción escolar, es víctima de la violencia que da la miseria, y nadie se ocupa de sus desgracias. El corrupto no es tipificado por esas masas como su enemigo central. Para que haya lucha abierta contra la corrupción tiene que integrar al pueblo de a pie y a su carga de miserias.

Hay que adecentar la vida pública y privada nacional. Todos los corruptos tienen que ir a las cárceles. No se puede permitir ni los abusos ni la prepotencia de poderosos, sean políticos o empresarios. Pero si no se une la lucha contra la corrupción a la lucha por la desigual distribución de las riquezas, al hambre y a la miseria general, el pueblo será indiferente a esa cruzada, que no pasará de un concierto frente al Altar de la Patria. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Ciudadanos contra la impunidad

En este país, se ha vuelto tan costumbre como la corrupción, hablar de la lucha contra ella. Se están realizando cruzadas que pueden terminar solo en buenas intenciones sin ninguna utilidad práctica, si no se encaminan correctamente.

Debemos estar conscientes de que la corrupción en RD es un fenómeno muy complejo. Es mucho más que un problema político. Tiene raíces sociales relevantes que se han ido fraguando desde la muerte de Trujillo a la fecha, con el despilfarro del presupuesto y el propio respaldo electoral a políticos permisivos y tolerantes. La lucha contra la corrupción debe empezar por educación, mucha educación, y la creación de una cultura ciudadana de tolerancia cero con la misma.

La corrupción afecta la economía, hiere la credibilidad del país desalentando la atracción de inversión extranjera y debilita todo intento de proyectar internacionalmente al país.

La corrupción daña el tejido social e institucional del país.

La corrupción pudre la premisa esencial del estado de derecho desmintiendo el principio de que todos están sujetos a la autoridad de la ley. La corrupción adultera y encarece todo el proceso de desarrollo económico del país. Además destroza la estructura ideal de la meritocracia a que debe aspirar toda sociedad sana. Debilita la pasión por estudiar y frena el impulso de los emprendedores. En las sociedades corruptas prevalece el valor del dinero sin importar su procedencia.

La corrupción sin castigo con la que hemos convivido los dominicanos durante tanto tiempo, ha creado una cultura de tolerancia y nos hemos rendido considerándola normal. Esta lucha contra la impunidad debe despertar la conciencia de toda la ciudadanía y ser una oportunidad para que las nuevas generaciones vean que se sancionan a los corruptos, a la gente que obstaculiza el desarrollo del país para beneficio personal.

Casi todo el mundo está dispuesto a hacer ruido sobre la corrupción, pocos están dispuestos a luchar realmente contra ella de forma efectiva.

Esta lucha es, sin duda, una absoluta prioridad económica y social.

Hasta el momento, los partidos políticos no han acreditado su compromiso con el combate a la corrupción. Hablan y hablan en programas, en las plataformas de sus candidatos y en los discursos y mensajes de sus voceros de combatir la corrupción y castigar a los culpables; sin embargo, cuando se trata de pasar al terreno de las acciones para en verdad atacar a los corruptos y cambiar conductas ilícitas en la administración pública, su comportamiento es hacer caso omiso a todos los planes de lucha anticorrupción.

Es el caso de la Cámara de Cuentas organismo encargado de velar por los recursos públicos, que nunca en ningún gobierno ha obtenido, con sus auditorías e investigaciones, una sola sentencia condenando a un corrupto ni recuperado el dinero robado.

El gobierno tiene las herramientas legales necesarias para desplegar, en todos los niveles y ámbitos del gobierno, acciones para combatir la corrupción. Pero se requiere de un comportamiento de gran relevancia: voluntad política para que las cosas cambien.

La intervención de la ciudadanía debe ser una vertiente permanente, gobierno tras gobierno, siempre activa para lograr mantener la voluntad política necesaria para el desarrollo de la lucha contra la impunidad, teniendo claro que su lucha es contra la corrupción no por un cambio de gobierno, para esto existen las elecciones cada 4 años y los partidos políticos. Esto requiere que los ciudadanos actúen con mucha madurez, con buena organización y preparación, y no caer en la tentación de dejarse atrapar por el encanto de beneficios provenientes tanto del gobierno como de los partidos de la oposición, a fin de apoyarlos en lo que ellos auspicien. Si lo hicieren engrosarían el grupo de corruptos objeto de “su lucha”.

Casi nunca han sido buenos

La quiebra de la confianza en el sistema democrático está permitiendo que las sociedades escojan a personas fuera de la cultura política. Por lo regular emergen figuras conocidas en el ámbito social y que se han destacado por su trabajo en los medios de comunicación o a través de ellos.

En algunos países, incluso “cómicos” han sido electos presidentes. Y obviamente que no es lo mismo desarrollar una tarea común que dirigir a una nación, y, sobre todo esperar que las cosas salgan bien.

Es claro que el liderazgo político es responsable de que estas cosas estén sucediendo desde hace algún tiempo en muchos países del mundo. Eso ha estado sucediendo, aunque los resultados casi nunca han sido buenos.